Lo que hacemos con el agua lo hacemos con nuestro futuro

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Ecológicamente los seres humanos somos parte del ciclo del agua, porque estamos constituidos orgánicamente por cerca de un 70% de agua y porque somos la especie que mayor incidencia tiene en el devenir del agua sobre el planeta.

El agua no es un recurso natural, en el sentido de insumo o servicio, sino un bien que tenemos en común todos los seres vivos y, además, el agua es un medio de relación del hombre con la naturaleza determinante de la sustentabilidad del Ambiente y de la calidad de vida de las poblaciones.

El medio acuoso es así mismo un regulador  depurativo tanto en lo macro, como es el caso de los ríos que limpian y curan materias orgánicas en descomposición, como en la misma actividad fisiológica de los seres humanos, desde el agua intracelular hasta los sistemas excretorios que limpian y curan al cuerpo de toxinas.

El agua es el solvente natural de un sinnúmero de sustancias y por ende vehículo tanto de salud como de enfermedad.

Y es básicamente a partir de estas propiedades y beneficios del agua, cómo los procesos de contaminación van generando residuos tóxicos en el ambiente y también en el organismo humano.

En los centros urbanos la contaminación más importante del agua se origina a partir de los servicios sanitarios de cloacas, en los cuales la población acumula el residuo líquido de su actividad doméstica, comercial e industrial.

La infraestructura cloacal de una ciudad es la interfaz entre el residual sanitario humano y el ambiente. El efluente cloacal nos habla al respecto de nosotros como sociedad, refiriendo sobre nuestras costumbres de higiene, alimentación, comercio e industria.

Por ello es importante incorporar tanto en el estudio como en la remediación de la problemática cambios de visión al respecto de nuestros derechos y deberes para con el agua.

foto gota de agua

El agua no es un recurso renovable infinito. Entonces es importante observar críticamente la idea de que siempre el bienestar humano deba estar relacionado a la abundancia, cada vez mayor , de agua; comenzando a incorporar la lógica de la reutilización, la economía en el consumo y el tratamiento del efluente residual.

El agua como derecho humano hoy impone un compromiso de responsabilidad ambiental con el futuro. La lenta acumulación de desechos en los cursos de los ríos compromete seriamente la biodiversidad ya a mediano plazo. Y este sostenido deterioro de los ambientes naturales está comprometiendo la salud de las poblaciones, generando enfermedades crónicas, recurrentes y degenerativas  cada vez más relacionadas al ambiente.

Los ríos son las venas abiertas de nuestra cultura ambiental.  Si hacemos un análisis de los cursos superficiales de un acuífero nos encontramos con las huellas del modelo de desarrollo que tenemos. Los sedimentos de la erosión de los suelos por pérdida de sustentabilidad de la vegetación (deforestación, monocultivos), los restos de agroquímicos, restos de hidrocarburos y aceites, alteraciones propias de la extracción indiscriminada de áridos, y por supuesto la contaminación bacteriológica propia de las excretas humanas.

El criterio de Salud es un ordenador ambiental. En la disputa que hay sobre el modelo de desarrollo para hacer sustentable la vida sobre el planeta, donde por un lado están quienes en su afán productivista sobre explotan el suelo y el agua dejando  empobrecido el suelo y contaminada el agua, y por otro lado quienes en su afán de conservación reniegan de todo tipo de actividad humana, este trabajo propone ubicar el criterio Riesgo Salud como ordenador de las prioridades de desarrollo socio comunitarias, tendiente a conservar un Ambiente Saludable.

El mejor horizonte de proyección de la Salud es la biodiversidad. Después de cinco siglos de acelerados procesos de ciencia y técnica de la modernidad, el límite físico del Ambiente nos impone repensar la idea de una artificialidad que logre aislar al ser humano del medio natural a fin de salvarlo de las enfermedades; por el contrario hoy la tendencia es más bien devolver su naturalidad al ser humano y tender a que establezca una relación armónica con el entorno. En esa relación es la propia Naturaleza quien, a través de millones de años, ha ido evolucionando en distintas formas de vida que de diferentes maneas interactúan aportando su materia y energía al Medio Ambiente. Si entendemos que el planeta es un gran eco sistema, podremos valorar a la diversidad como nuestra mayor riqueza, y también entender  que es un escenario de biodiversidad el mejor horizonte de proyección para la calidad de vida de las poblaciones.

Los Servicios Sanitarios Cloacales son, en última instancia, servicios ecológicos que brinda la Naturaleza. Desde épocas antiguas han sido los ríos quienes han depurado las aguas servidas de las primeras poblaciones. El progreso en todo caso ha ordenado mediante trazas urbanas las vías mediante las cuales las excretas y residuos líquidos llegan a los cursos de agua. Y en cuanto a las plantas de tratamiento, las mismas en la mayoría de los casos imitan los procesos naturales de depuración. El movimiento y la aireación son procesos naturales físico químicos naturales que depuran las aguas servidas.

La infraestructura de servicios de una ciudad debe estar trazada en función de un crecimiento sustentable inserto en el hábitat natural del entorno. Generalmente las tazas urbanas tienden a definir perfiles de variada características, pueden ser ciudades para el turismo, para el comercio, grandes centros industriales o incluso administrativos. En todos estos casos la infraestructura de servicios  es una añadidura que acompaña ese perfil. Para el caso de las cloacas suele suceder que su trazado va acompañando caóticamente el crecimiento a partir de la puesta en valor de aquél perfil, y muchas veces ese trazado es contrario a el territorio natural donde se inserta.

El crecimiento modular y próximo (in situ) de la infraestructura de tratamiento de efluentes es más  económico y ecológico que las mega concentraciones. En general en las ciudades se trazan redes de cloacas que desembocan en una gran planta de tratamiento, y con el paso de los años se van añadiendo nuevas ramificaciones a las redes que, junto con el paso del tiempo, hacen colapsar y vuelven obsoletas las Plantas de Tratamiento. Luego pasan muchos años sin que se puedan construir nuevas plantas. Es el caso que hoy en nuestro país en la mayoría de las ciudades. Donde hay servicios de cloacas, los efluentes van a los cursos de agua sin ser tratados. Por ello es importante estar proyectando plantas barriales de tratamiento de efluentes, incluso con la posibilidad de la reutilización para riego forestal y de parquización. Estas Plantas deben ser proyectadas modularmente para que vayan acompañando el crecimiento del barrio.

El crecimiento inmobiliario debe incorporar el costo del tratamiento de los efluentes. El crecimiento de las ciudades se organiza en función del valor de mercado de los terrenos. Pero los costos del tratamiento de los efluentes siempre recaen en el conjunto todo de la sociedad, es decir que tiene que afrontarlo el Estado. Para cambiar el estado actual de cosas es necesario que la propiedad privada incorpore la responsabilidad del saneamiento a su inversión. Para ello lo óptimo es lograr que los proyectos incorporen una planta de tratamiento en el mismo sitio (in situ). Un beneficio extra de esto es que no tendremos grandes cantidades de líquidos sin tratar recorriendo varios kilómetros por tuberías que tampoco están en las mejores condiciones de mantenimiento.

La separación de aguas y otros efluentes posibilita tratar de manera más adecuadas estos residuos líquidos. En la actualidad las cloacas reciben una cantidad muy variada de contaminantes. En el caso de los efluentes domésticos porque cada vez hay más productos de limpieza y otros químicos utilizados en el hogar, cuyos restos o diluciones van a dar a las cloacas, lo mismo con los aceites de uso en la cocina. Pero además hay comercios pequeños, medianos y grandes, que arrojan restos de su actividad que pueden contener restos de hidrocarburos, aceites minerales, y variados elementos contaminantes. Por ello es importante establecer una cultura de higiene y seguridad al respecto de lo que enviamos a las cloacas, posibilitando procesos de separación, reutilización y recolección diferenciada, para evitar estos verdaderos cócteles contaminantes, los cuales son después muy difíciles de analizar y tratar.