El agua y el bien común.

El Agua es un Bien Comunitario,  es decir que el agua la compartimos solidariamente con todas las especies vivas del planeta y de cómo la usemos depende la vida tal como la conocemos.  

foto gota de agua

El consumo de agua dulce de la humanidad está repartido en Agricultura, un 70%, Industria, un 22% y uso Doméstico, un 8%. Ahora bien, si pensamos en el agua como elemento imprescindible para la sobrevivencia humana, vemos que en el siglo pasado  fuimos capaces de producir  excedencia de alimentos, no obstante lo cual según datos de la FAO hay 800 millones de seres humanos que padecen hambre. Esto nos advierte al respecto de que el uso del agua en Agricultura hoy no está manejado racionalmente sino en función de la oportunidad de negocios del agro. Pareciera que el criterio es ver cuán más dinero podemos obtener del uso del agua, y en esa lógica el agua se convierte en una mercancía.
En la industria, a su vez, las tecnologías extractivistas, como los transgénicos,  la fractura hidráulica o la minería a cielo abierto,  afectan la cantidad y calidad del vital elemento, compitiendo con la necesidad doméstica y contaminando el agua con químicos.
Por último, el uso doméstico de agua está pésimamente distribuido, ya que 880 millones de personas en el mundo no tienen agua potable, siendo que la cantidad de agua  que se potabiliza podría cubrir las necesidades de la población mundial.
Las grandes diferencias entre países industrializados y países productores de materia prima tienden a agrandarse de acuerdo al uso actual del agua,  ya que cuando exportamos cereales estamos trasladando suelo y agua.

 

Río Cuarto, un caso simbólico

Una persona, según estimaciones de la OMS, podría arreglarse con 120 lts/día de agua potable. En Argentina se utiliza un promedio  de 265 lts/día, pero en Río Cuarto los funcionarios de EMOS sostienen que estamos gastando 350 lts/día de agua potable.  Así es que a mediano y largo plazo vamos a tener serios  problemas en la provisión de agua, mientras que en la actualidad esa provisión es precaria. Pero también hay que repasar estos números con el agua potable que utilizan industrias y natatorios.

Es que la extensión de las redes de agua y cloacas no han ido de la mano, durante las últimas décadas, con la inversión  de base, es decir de  los pozos,  las bombas, las plantas potabilizadoras y las plantas de tratamiento cloacal. La presión social ha hecho que se extiendan redes que no pueden ser bien atendidas, que constantemente sufren roturas, que llevan poca presión de agua, y en cuanto al tratamiento las plantas son insuficientes, cuando no inexistentes.

Prácticamente toda el agua de los sanitarios de toda la ciudad se vierte sin ningún tratamiento en el río. En este sentido también hay que destacar que muy cercano al vertedero que el EMOS tiene en el  río, en la zona Este, se encuentra el enterramiento de basura, donde se van acumulando y descomponiendo 300 toneladas de basura diaria. Todo esto junto hace que las zona de río abajo de la ciudad sea un sitio contaminado con consecuencias socio ambientales impredecibles.

El Nuevo Paradigma del tratamiento del agua de uso doméstico.

En una lógica distinta, de empoderamiento  de la sociedad a partir de su acción solidaria con el medio ambiente, debemos pensar ya no en reparar sino en evitar todo desarrollo que produzca daño ambiental . En ese sentido es  importante el aprovechamiento óptimo del agua y la autoregulación natural.
La idea es separar las aguas negras (inodoro) de las grises (lavatorios-baño-cocina-lavarropas), a fin de poder, por un lado, aprovechar las aguas grises reutilizando parte de ellas en los inodoros, y por otro lado poder diferenciar el tratamiento que unas y otras requieren para su decontaminación.

Desde hace años  hay en el mercado digestores para tratar los líquidos cloacales que cumplen el rol de las viejas cámaras sépticas en cada vivienda, y ahora esto se completa  con el desarrollo de  una tecnología limpia y natural a través del manejo del ozono, la cual  permite desinfectar bacteriológicamente esas aguas antes de enviarlas a la red cloacal.
El objetivo a mediano y largo plazo debiera ser que cada vivienda, industria o comercio tenga su propia mini planta de tratamiento, y así no producir las grandes concentraciones que luego requieren inversiones monstruosas.  Lo importante es que la aplicación de esta nueva metodología además de eco lógica, es accesible a los presupuestos  típicos de la etapa de construcción de una vivienda. La inversión se puede compartir con el vecino  más próximo para abaratar los costos en los barrios de clase media, y para el caso de propiedades de mucho valor que tengan parques esto debería ser obligatorio, ya que el agua tratada puede ser re utilizada para riego y el costo de la implementación del sistema resulta ínfimo con relación al total del valor inmobiliario..

Hay una vieja frase que dice que si quieres resultados distintos no debes hacer siempre lo mismo. De manera que si vamos cambiando nuestra cultura de tratamiento de líquidos cloacales, en cincuenta años habremos resuelto el problema de manera sustentable,  mientras que aunque   la suerte en la disputa partidaria le diera a Río Cuarto  la posibilidad de construir la planta depuradora gigante que necesita hoy imperiosamente, del mismo modo dentro de cincuenta años, con el crecimiento de la población, estaríamos igual que ahora.

 

HE CONSULTORA RIESGO SALUD AMBIENTE
consultorariesgosalud@gmail.com

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