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SOMOS LO QUE COMEMOS

Con respecto al debate sobre el modo de producción frutihortícola en la Ciudad de Río Cuarto, para avanzar y esclarecer un poco el alarmante riesgo de los efectos perjudiciales en la salud, queremos aportar algunas reflexiones a partir de un estudio sobre Agricultura Sustentable de la Ing. Agrónoma Paola Mariela Studer, de la Facultad de ciencias agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo en el cual describe y comenta las diferentes Corrientes Agroecológicas.

De este interesante trabajo queremos extraer un apartado donde se muestra en imágenes las diferencias de calidad de un producto tratado con pesticidas industriales y un producto orgánico. La autora nos cuenta de cómo se obtienen estas imágenes a partir de la Cristalización Sensible:

 

¨• La cristalización sensible es un sencillo mecanismo que
nos permite ver la vitalidad de un alimento sólido o
líquido (se utiliza bastante con el vino) y permite ver las
diferencias, aparentemente inexistentes entre un vegetal
cultivado siguiendo mecanismos convencionales y otro
procedente de la agricultura ecológica o biodinámica.

• Esta técnica fue puesta en marcha por Ehrenfried
Pfeiffer a instancia de R. Steiner y para llevarla a
cabo necesitamos cloruro de cobre al que añadiremos
unas gotas de sangre o savia de planta, este reacciona
al más mínimo cambio o alteración de la composición de
un extracto de un ser vivo, cristalizando y dando lugar a
complejas formas geométricas.¨

Y luego la autora nos presenta las imágenes Primero de una lechuga convencional tratada con los pesticidas industriales:

lechuga con pesticida_Studer

En segundo lugar la Ing. Studer nos presenta una Lechuga Orgánica:

lechuga orgánica

 

Y por último nos presenta la imagen de una Lechuga Biodinámica:

lechuga biodinámica

 

Como podemos ver, la vitalidad de las lechugas que fueron tratadas con los pesticidas industriales se presenta menos nítida en las imágenes y de allí podemos inferir, trasponiendo la distorsión de las nervudas y su endeblez a la calidad del aporte nutritivo que nos brinda, que estos alimentos son por lo menos poco nutritivos comparados con los productos orgánicos y biodinámicos.

Ahora bien, si proyectamos estas imágenes a la pregunta ontológica ¿somos lo que comemos? podemos relacionar tanta falta de vitalidad, tanto sedentarismo crónico, tanto estrés, con los alimentos que comemos.
Pero las preguntas sobre el ser y el hecho mismo de de preguntarnos, el cual nos ¨diferencia¨de otros seres, está a su vez contaminado por la civilización patriarcal y cartesiana.
De modo que lo que proponemos es empezar de otra manera a elaborar estos supuestos. Y apuntar desde el principio como básico la afirmación de que SOMOS LO QUE COMEMOS , como algo obvio – una verdad de perogrullo – , porque no nos cabe ninguna duda que son los alimentos, ni la ambición ni el dinero, los que nos mantienen vivos y nuestra propia vitalidad (inteligencia incluida) no es otra cosa que el aprovechamiento de las nutrientes alimenticias.

Ahora, cuando nos miremos al espejo, cuando proyectemos nuestra imagen al mundo de los quehaceres cotidianos, si tenemos en cuenta el alto grado de esteticismo de apariencia del momento actual, cuando pensemos en nuestra manera de ser y estar en el mundo, entendamos que hoy somos esa lechuga endeble quizás, tal vez nuestro organismo y sobre todo nuestro horizonte de proyección cognitivo esté sufriendo una lenta y sostenida deformación.

 

Nota: El trabajo Completo de la Ing Studer se puede consultar en
http://campus.fca.uncu.edu.ar:8010/pluginfile.php/17956/mod_resource/content/1/Corrientes%20de%20ManejosAgroecologicos%202013pdf